Testimonios sobre Ubuntu en el Encuentro Nacional de Escuelas Ubuntu
«No hace falta conocer a alguien para tenderle la mano. Solo hace falta empatía».
«Ubuntu no se limita a influir. Transforma».
En el Encuentro Nacional de Escuelas Ubuntu 2025, celebrado en la Fundación Calouste Gulbenkian, escuchamos decenas de voces diferentes —alumnos, educadores, coordinadores y líderes de Ubuntu— unidas por una experiencia común: la transformación vivida durante una Semana Ubuntu.
Las palabras cambiaban. Las historias eran diferentes. Pero había algo que se repetía constantemente: nadie sale igual después de vivir Ubuntu.
Para algunos, todo empezó casi por casualidad.
Confieso que lo que más me gustaba era faltar una semana a clase.
Pero enseguida se dieron cuenta de que la Semana Ubuntu era mucho más que un paréntesis en la rutina escolar.
Era un espacio para el descubrimiento, las relaciones y el crecimiento personal.
Matilde Neto, líder de Ubuntu, explicó que esa semana había aprendido algo que rara vez se aprende en el colegio:
No aprendemos cosas para ser algo en el futuro. Aprendemos a ser en el presente.
Habló de la empatía, la resiliencia, el servicio y el impacto que tiene darse cuenta de que desconocemos las luchas internas de cada persona.
Ubuntu no se limita a ofrecer. Transforma.
Asimismo, Elsa Valério, educadora y líder de Ubuntu, describió la experiencia como un auténtico despertar humano.
Recuerda especialmente un gesto sencillo: todos los días abrazaba a una alumna llamada Maggie, que al principio reaccionaba con desconfianza y extrañeza.
El último día, fue Maggie quien tomó la iniciativa de abrazarla.
Todavía siento el calor de aquel abrazo.
Para Elsa, fue en ese momento cuando se dio cuenta del verdadero alcance del Ubuntu: crear relaciones donde antes había distancia, miedo o invisibilidad.
A lo largo de los testimonios, se repetía con frecuencia la idea de pertenencia.
Beatriz Gonçalves, líder de Ubuntu, contó que llegó a la Semana Ubuntu pensando solo en sí misma, sintiéndose incómoda y distanciada de sus compañeros.
Pero algo empezó a cambiar poco a poco.
Me di cuenta de que no hace falta conocer a alguien para tenderle la mano. Solo hace falta empatía.
Los compañeros se convirtieron en amigos. Los desconocidos se convirtieron en una comunidad.
Y lo que empezó siendo solo «una semana» acabó convirtiéndose en una familia.
Para Cláudia Duarte, actual coordinadora de la Academia de Líderes Ubuntu en los colegios, la transformación se produjo en un momento especialmente difícil de su vida.
Llegó a la Academia sintiéndose perdida, triste y sin rumbo.
Fue como llegar a un espectáculo de magia.
A lo largo de las actividades, los intercambios y las reflexiones, encontró herramientas para afrontar su propia historia con más esperanza, gestionar sus emociones y recuperar la confianza en sí misma.
Hoy reconoce en los alumnos el mismo proceso de transformación que él mismo vivió.
También Paulo Portugal, educador y líder de Ubuntu, admite que al principio pensó:
¿Ubuntu? Eso no va nada conmigo.
Era un profesor racional, organizado y muy centrado en los contenidos del plan de estudios, pero se sentía alejado de las dimensiones emocionales y relacionales del colegio.
Pero la experiencia con Ubuntu le obligó a ver a los alumnos de otra manera.
Las relaciones interpersonales han pasado a ocupar un lugar central en mi práctica.
Hoy empieza las clases preguntando a los alumnos:
¿Cómo está tu corazón?
Otros testimonios se refirieron sobre todo al descubrimiento interior.
En ese Jordán, describió Ubuntu como un espacio en el que descubrió el autoconocimiento, la empatía, la resiliencia y el servicio:
He descubierto que, incluso en medio del caos, siempre hay una luz.
Cláudio Soares habló del miedo inicial a fracasar como educador y de la sorpresa que supuso descubrir que era capaz de crear experiencias profundamente significativas para los jóvenes.
Por su parte, Ana Crisa Fernandes recordó cómo la Semana Ubuntu le ayudó a superar viejas inseguridades y a creer en sí misma:
Me he dado cuenta de que no debo avergonzarme de lo que soy.
Marina Lopes habló de la metamorfosis colectiva que surge durante una Semana Ubuntu:
Es la acogida que se ofrece, el corazón que se enternece y la empatía que surge.
Y quizá Iris Santos haya resumido uno de los principales hallazgos compartidos en aquel encuentro:
Ubuntu se manifiesta de forma diferente en cada persona.
Porque cada participante recorre el camino a su manera. Hay quienes descubren el valor. Hay quienes descubren su voz. Hay quienes descubren un propósito. Hay quienes descubren la paz.
Pero todos parecen descubrir algo esencial: que realmente maduramos cuando aprendemos a mirarnos a nosotros mismos y a los demás con más humanidad.


